Laboratorio de Desarrollo Territorial: Normas técnicas y gestión local ante situaciones críticas

Por: Alejandro Pérez Bigot

La normalización técnica internacional ofrece a los gobiernos locales herramientas que permiten mejorar sus capacidades de acción frente a situaciones críticas provocadas por múltiples factores probables. Para las Naciones Unidas, una ciudad resiliente es aquella que “evalúa, planifica y actúa para prepararse y responder a peligros naturales y creados por el hombre, repentinos y de inicio lento, esperados e inesperados, a fin de proteger y mejorar la vida de las personas, asegurar los beneficios del desarrollo, fomentar un entorno de inversión e impulsar un cambio positivo”. Según proyecciones del Banco Mundial, en los próximos años la población urbana alcanzará los 6.000 millones de personas, lo que equivale a casi un 70% de la población mundial total.

La propia Organización Internacional de Normalización (conocida por su sigla ISO, en inglés) trabaja en esa misma línea conceptual a través de la serie de normas internacionales ISO 22300, sobre seguridad y resiliencia, social y organizacional. También la ISO se enfoca específicamente sobre la cuestión territorial desde la perspectiva de la calidad en los gobiernos locales, a través de la Norma ISO 18091 que propone directrices para la aplicación de la Norma ISO 9001 (sistemas de gestión de la calidad) en ese nivel de las administraciones públicas. Esta norma plantea un sistema de indicadores sobre desarrollo institucional para un buen gobierno. Bajo este modelo, el indicador nº 9 habla precisamente de Protección civil y resiliencia (Resiliencia, protección civil y servicios de emergencias). En la República Argentina se registran antecedentes de guías de aplicación a municipios formuladas localmente (IRAM 30300), además de modelos de excelencia como el propuesto por el Premio Nacional a la Calidad, otorgado a varios gobiernos locales desde sus inicios. En concreto, la certificación ISO 9001 ha sido obtenida por administraciones municipales en varias provincias del país. Cabe resaltar que el denominado ciclo de Deming (PDCA: Plan-Do-Check-Act) ha sido incorporado como referencia metodológica en las versiones actualizadas de esta norma, debiendo notarse la coincidencia terminológica que existe respecto de la definición que las Naciones Unidas establecen para el concepto de resiliencia.

Al plantear un sistema de indicadores, el modelo ISO 18091 supone una evolución respecto de lo anteriormente existente, creando condiciones de intercomparación para la discusión de buenas prácticas de gestión local. De esta forma, varias ciudades pueden compartir grupalmente enfoques y experiencias sobre protección civil y resiliencia, tomando como punto de referencia el indicador N.º 9 de la citada norma. Estos modos de coordinación pueden contribuir a resolver necesidades de interoperabilidad de servicios locales, por ejemplo posibilitando la colaboración entre cuerpos de bomberos, para intervenir bajo mandos coordinados entre varias brigadas.

Los escenarios de respuesta ante catástrofes a escala urbana y regional pueden contemplar incendios (estructurales, industriales, forestales), además de situaciones de colapso edilicio, inundaciones y otras clases de eventos catastróficos que demanden una rápida y eficaz respuesta estatal a nivel de protección civil. Ante esos casos, deben también preverse dispositivos de atención médica y recursos de movilidad sanitaria con capacidad de respuesta ante demandas masivas de asistencia, además de instalaciones de albergue temporario para la población afectada. Un marco de gestión basado en las normas ISO 22300 e ISO 18091 permite un encuadre lógico y eficaz para una gestión local enfocada en la resiliencia a escala urbana.

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